Desde que en 1989 Rumanía vio el final de la dictadura de Nicolae Ceaușescu, la precaria situación económica por la que atraviesa el país ha tenido como efecto que muchos niños se vean obligados a malvivir en las calles de sus ciudades, especialmente las de la capital. Esta es la historia de los chicos y chicas que viven en condiciones muy duras en las alcantarillas cerca de la Estación del Norte de Bucarest. Son los Aurolacs, llamados así por su adicción a esta marca de pintura sintética.