En 1976, las excavadoras empezaban a poner los cimientos de lo que debía ser el complejo turístico más grande de la Península Ibérica. Un grupo de jóvenes tomó la iniciativa para paralizar unas obras que ya estaban en marcha. Así empezó la lucha que ha permitido la existencia hoy del Parque Natural dels Aiguamolls de l’Empordà.