Alain Cavalier es un peatón de París. Le apasiona esta ciudad. De manera inesperada, en sus paseos, con el ojo y el oído siempre atentos, encontró a una colchonera, a una trabajadora de una tintorería, a la propietaria de un café, a una mujer que hila. En 1988, el autor de Thérèse quiso filmarlas. Siguiendo la misma manera de hacer que en sus largometrajes, construyó sus retratos a partir de la historia de estas mujeres, mezclando realismo y fantasmas. Después quiso seguir encontrándose con mujeres que ejercían oficios que le fascinaban, pequeños oficios algunos de los cuales desaparecerán muy pronto, y construyó otros retratos en París pero también en otras ciudades. ‘Yo no soy un documentalista, soy más bien un amante de los rostros; amo la generosidad de estas mujeres que aceptan que las filme’, nos dice.